En este post os hablaremos de la curtición vegetal, el cual es el proceso natural, mediante el cual la piel animal se transforma en un bien de uso humano de manera natural.

La curtición vegetal es, como se ha mencionado anteriormente, el proceso mediante el cual la piel animal se transforma en un bien de uso humano. Pero…

¿Por qué usamos sólo pieles de curtición vegetal?

Pues bien, la piel de curtido en cromo puede provocar dermatitis alérgica a aquellas personas que tengan la piel sensible. Este tipo de alergia afecta en torno al 3% de la población. Por lo tanto, todas las personas que utilizan este tipo de piel, están en riesgo de exponerse al cromo y, por extensión, sufrir las dolencias anteriormente mencionadas.

Todos nuestros productos están libres de elementos tóxicos.

Las pieles de curtición vegetal, a diferencia que las pieles industriales, son tratadas como se han tratado este tipo de productos desde los inicios de la humanidad. De manera natural; este proceso se remonta hasta la prehistoria, y fue un proceso brillante de la especia humana, se descubrió que, si dejabas las pieles en contacto con maderas, corteas y hojas, estas pieles se manchaban y, tras un tiempo, en vez de pudrirse y dañarse, la piel es quedaba lisa, sin daños y a salvo de la descomposición.

En la actualidad, con la industria de la moda a la cabeza, este proceso natural ha ido perdiendo peso en favor de una curtición química, hecha con cromo y otros elementos químicos muy dañinos para la propia piel y la propia naturaleza.

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Proceso natural para curtir la piel:

Para poder llevar a cabo este proceso, se utilizan elementos naturales llamados Taninos. Los taninos son ciertas sustancias orgánicas que sirven para convertir las pieles crudas de animales en cuero, Estos ácidos naturales se extraen de las plantas con agua, que luego se decanta y se deja evaporar a baja temperatura hasta obtener el producto final. Los taninos se unen a las moléculas del colágeno de la piel, aumentando la resistencia y haciéndolo inmune a la putrefacción.

En el proceso de curtición de la piel, las pieles se introducen en un barrica de madera en las que hay una disolución con abundantes taninos naturales. Las pieles permanecen en estas barricas alrededor de tres semanas, para después sacarlas para que comiencen a secarse.

El secado se realiza sin aplicar calor. Las pieles se extienden de manera que se facilite la circulación de aire. Una vez secadas y rebajadas, estas pieles son como lienzos en blanco, en el que se pueden añadir tientes naturales para lograr cualquier tonalidad.

Por último, las pieles son expuestas a aceites vegetales y cera de abeja para lograr ese brillo característico y una correcta hidratación. Nuevamente, se vuelven a dejar secar. Una vez completamente secas, estas pieles son aptas para su uso.

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